Un campo sin sembrar. Una tierra en barbecho, esperando su momento para transformarse de desierto, en plantío.


  Una mujer que espera, también ella en barbecho, por una fertilidad que ya no tiene.


  Estas dos verdades, la de la tierra y de la mujer, se cruzan en un punto, Eremus, este lugar yermo, apartado de todos, donde lo único que es cierto es que hay que esperar, tal vez para siempre, por un sembrado que traiga, por fin, brotes.


  El ensayo fotográfico Eremus es un desahogo, el ejercicio de llorar a través de la fotografía y el performance.


  Tengo 44 años, un hijo y dos abortos espontáneos.

En un estado de espera constante mezclo, en múltiples exposiciones fotográficas, partes de mi cuerpo con paisajes en reposo vegetativo, momento en que las plantas no germinan o crecen, sobretodo en invierno, suspendiendo sus funciones vitales de reproducción.

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